El caso del MILLET y posibles analogías cercanas..

El Palau de la Música de Barcelona es uno de los más venerados santuarios culturales de Barcelona. El Palau es una institución privada, de sus mecenas particulares proceden la mayoría de sus ingresos aunque también recibe mucho dinero público.

El Caso Millet es el caso de un gestor que acaparó durante más de 30 años puestos muy bien remunerados en el tejido cultural y empresarial de Barcelona: Presidente del Orfeón, Presidente del Palau, miembro del Gobierno del Liceu, etc. Pero también vocal de la comisión de control de La Caixa, representante de la Fundación Bankpyme, Presidente de la Fundación Agrupación Mutua, y todo ello y mucho más ( como haber sido nombrado “Sr. De Barcelona” ) después de que en los 80 fuera condenado por falsedad en documento mercantil en el caso Renta Catalana, aunque esto último no querría decir nada si no fuera porque ahora sospechamos que la cárcel modelo en la que tuvo que ingresar en 1983 no le sirvió para nada y volvió a las andadas, no sabemos desde cuando pero lo que se ha sabido que ha ocurrido en los últimos tres años es suficiente para imaginar lo que puede que nunca sepamos.

Siempre se habla de la corrupción política y rara vez de la empresarial, al menos en Canarias. Sin embargo, en Barcelona, que a veces hace análisis real de sí misma, estos días y a raíz del Caso Millet ha recordado la cantidad de casos que allí se han dado como el caso del Banco de los Pirineos, el caso de Renta Catalana, el caso Estevill, el caso Planasdemunt, el caso Javier de la Rosa, el Caso Bertrán de Caralt o La trama de Hacienda, que es el último pelotazo, aunque este último afecta a funcionarios y no a empresarios.

Si hablo aquí del caso Millet es por las posibles analogías que pueden darse en Canarias en algunas instituciones relacionadas con la música que nunca rinden cuentas a nadie, que ocultan datos y que sin embargo se financian ( aquí si ) por dinero público casi en exclusiva.

Me dirán: ¿ y tu por qué no hiciste nada? Contesto: Sí que hice, pero luego deshicieron otros lo hecho… y todo sigue igual. Quizás ahora, la crisis, nos de una nueva oportunidad para intervenir. Por mi parte hago esto: publicar este comentario, y sé que a buena entendedora pocas palabras valen. Pero no tengo demasiada confianza en que se quiera realmente averiguar qué pasa.

En Barcelona nadie entiende como pudo Felix Millet mantener la autoridad de una padre de la patria ( ¡ay, como me recuerda a algunos! ), guardián de las esencias culturales del país, mientras se dedicaba al pillaje a manos llenas.

Aquí me pregunto cuántas medallas de la isla, premios Teide de Oro se llevarán algunos parecidos y si alguna vez se sabrá de verdad como son o si morirán entre gloria local y algodones. También me pregunto si a alguien le interesa que se sepa o si da igual.

Millet justificaba gastos con facturas falsas el Orfeó a la Fundación: 141.000 euros de un viaje familiar a la Polinesia, se transformaron en gastos de viajes de los coros; 188.000 euros distraídos por Millet, en remuneración al presidente por conferencias en la institución. Así hasta 1.5 millones de euros de facturas dudosas o claramente falsas que la justicia deberá determinar a quién beneficiaron.

Dicen los psicólogos y expertos en delincuentes de cuello blanco que las personas que actúan como Millet ni se arrepienten ni siente culpa, solo humillación cuando son descubiertos. Provocan dolor o destrucción sin sentir ninguna empatía, sin ser capaces de sintonizar con el estado de ánimo de los demás. Son muy narcisistas, viven como si no necesitaran a nadie. Son muy fríos y, en lugar de encontrar la seguridad en el vínculo afectivo, acumulan poder y dinero pensando que eso les hace autosuficientes ante las dificultades. Parecen personas muy capaces y acostumbran a estar muy condecoradas, y se creen más astutos que nadie confundiendo la creatividad con la búsqueda de expolio de los demás.

Tengo que terminar diciendo que creo que la mayoría de las instituciones culturales privadas en Canarias funcionan bastante bien y con un nivel de honradez ejemplar. Pero en todo granero se pueden pudrir algunos granos, y en Canarias creo que eso también pasa. Es verdad que se cometen errores y nadie es perfecto, pero de ahí a la conducta de Millet hay una gran distancia.

Aunque aquí no quería referirme solo a instituciones culturales sino también a empresas privadas, cajas y empresas públicas, etc.

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