Ayer el Parlamento sí fue Parlamento, en la reunión con las víctimas del accidente JK 5022




A puerta cerrada y sin la presión de los medios de comunicación la asociación de víctimas  del accidente aéreo de Spanair JK5022 se reunió con la comisión de turismo y transportes del Parlamento de Canarias ayer por la tarde. No es algo habitual. Ni siquiera está en el Reglamento de la cámara, pero nos reunimos ( por lo tanto es posible, los parlamentarios, y los ciudadanos, dialogando  en directo).

Solo quieren justicia y verdad. Quieren que se esclarezca lo que pasó. Y piden nobleza en la actuación del Parlamento. Piden que hagamos más.

Se asociaron para defenderse de un sistema que no está preparado para atender a los ciudadanos que se enfrentan a un accidente como este. Sienten desamparo.

De los muertos nos contaron algo que sabemos pero que con ellos aquí se hizo más físico, más humano y más real:


43 menores de 20 años.
65 menos de 30 años.
El resto no superaba los 50 años.

¡Cuánta vida iba en ese avión!

Nos dijeron que era increíble ver como se resignan enseguida los que les rodean, les sorprende lo rápido que ocurre esta resignación. Pero ellos no se resignan. Nos piden que hagamos más de lo que se entiende razonable porque ellos como ciudadanos, sin medios, también lo están haciendo.

Nos cuentan como sentían la soledad infinita de la distancia, de estar aquí, lejos, en Canarias.

Y la soledad infinita y la fragilidad, después, ante el desborde que supuso el ataque de los gabinetes de abogados de EE.UU. Y se preguntan como es posible cuando en EEUU está perfectamente regulado de manera que los abogados no se puede acercar a las familias hasta pasados 45 días tras la tragedia.

Los abogados les engañaron, la asociación les denunció ante el Colegio de Abogados de las Palmas y el Colegio archivó el tema sin más. Nos piden ayuda con esto.

Nos dicen que debemos impulsar la modificación y revisión de los planes de emergencia de todos los aeropuertos de las islas Canarias, ya que es competencia de las CC.AA. y que como se pudo ver en Madrid no funcionó.

Quieren que “volar sea más seguro”, que no vuelva a pasar lo que les pasó a ellos. O sea, que ahora son ellos los que trabajan por todos nosotros, por todos los que un día u otro cogeremos un avión y podemos encontrarnos con ese mismo terrible y evitable horror.

Se enfrentan ahora a un proceso penal largo, costoso y complejo. Temen que se archive su causa y necesitan ayuda.

Temen que en el mundo cerrado de la aviación les sea imposible conseguir buenos peritos y técnicos que les ayuden a demostrar lo que ellos saben que pasó: falló el sistema de seguridad, y varias veces.

Están empeñados en conseguir que volar sea más seguro: y nos dijeron que cuando el mundo cambia es porque la gente se empeña en ello, y que ellos se dejarán la vida. Nos dieron una lección. Ellos no se rinden.

Pero la realidad es que un año y medio después del accidente la normativa de seguridad no ha cambiado gran cosa.

Nos contaron también que no existe un protocolo de actuaciones conjuntas para un caso como este, entre administraciones, cómo sí que existe, por ejemplo, en caso de un incendio. 

Nos contaron que en medio del terrible accidente aéreo fue lamentable sufrir además de lo que ya sufrían el desfile desordenado de autoridades intentando darles el pésame y ofreciéndoles ayudas que luego se fueron olvidando.

Nos contaron que están pagando las terapias de los familiares y las víctimas cuando las víctimas del 11M por ejemplo sigue con esas terapias, de un accidente que fue en 2004.

Se sienten David contra Goliat.

Fue un ejemplo: escucharles y lo que tenían que decirnos. 

Y el Parlamento por una vez sirvió para lo que yo creo que debe servir a todas horas del día: para conectar de verdad con los ciudadanos, que quieren sentir el calor de quienes les representan, que para eso nos votan.


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