Según Walter Benjamín todo documento de cultura es al mismo tiempo un documento de barbarie. Y la barbarie no es cultura. Pero ¿ no es cultura analizar la barbarie, el por qué de la barbarie, la historia de la barbarie? ¿ no es cultura ocuparse de la memoria histórica? ¿ no forma parte de los programas de políticas culturales la gestión de instituciones que se dedican a estudiar la barbarie?
O lugares que fueron lugares de barbarie, como fábricas y hornos de las antiguas revoluciones industriales sin respeto a los trabajadores, por ejemplo.
Por tanto estoy solo parcialmente de acuerdo con el profesor Teixeira Coelho en su texto “el concepto de cultura en la política cultural”( 1 ) , donde él afirma que “para la política cultural más consistente esta concepción de que todo aquello que existe es cultura, es totalmente insatisfactoria”.
Es cierto que no todo es cultura desde el punto de vista de una política cultural, pero también es cierto que todo puede ser mirado desde un punto de vista cultural.
A modo de ejemplo, cuando pensamos en ruinas y arqueología industrial estamos en parte hablando de un pasado de barbarie y explotación a los trabajadores. Los restos de la industria siderúrgica, metalúrgica, extractiva o del petróleo pueden ser vistos como los lugares donde miles de hombres trabajaron a destajo a la luz de las innumerables y ahumadas cristaleras, o bajo tierra o llenos de crudo hasta los ojos, comieron en amplias cantinas con apenas sitio entre unos y otros y muchos murieron ahogados por los gases, por los hierros, de todo aquello que fue la revolución industrial. Si a cualquiera de esos hombres le hubiera dicho que estaban trabajando, comiendo y muriendo en el interior de una admirable obra de arte habrían soltado cuando menos una carcajada. Pero yo no la suelto, porque esos restos de la revolución industrial, hechos por artífices anónimos que daban lo mejor de sí en unas estructuras y objetos, que hoy vemos con en toda su involuntaria belleza, hoy son parte del patrimonio industrial.
Y entonces la barbarie, y su gestión, se convierte en cultura, y esos hornos, esas moles de hierro fundido, las escaleras temibles, esos tanques de petróleo, esos pescantes y esos talleres y naves industriales, esas fábricas y hornos, despojados de su función primera, comienzan a ser mirados poco a poco con otra mirada: la de objeto artístico, y eso nos permite la oportunidad de –a través de la gestión cultural- arrancarles un último servicios y convertirlos en El Matadero de Madrid, el Canal de Isabel II, la Laboral de Asturias o el Espacio Cultural El Tanque de Tenerife. Todos ellos instituciones culturales que hoy realizan acción cultural.
LA CULTURA COMO “DESEO”. Sobre la cultura y la barbarie.
11:22 AM |
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