Lo decía ayer en la Vanguardia la doctora Mercé Boada, jefa del Servicio de neurología del Hospital Universitario Vall d'Hebron.
¿Quién es Auguste D, para quien aún no hay tratamiento? Entró en la historia de la mano de Alois Alzheimer hace 103 años. "Una extraña enfermedad del cerebro" que cursaba con demencia fue el motivo. La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por la presencia del depósito de placas de B-amiloide y neuritas distróficas en la neocorteza cerebral junto a ovillos de neurología neurofibrilares con proteína tau hiperfosforilada en el lóbulo temporal medial (Glenner, 1988; Kirschner, 1975; Braak & Braak, 1991).
La pérdida neuronal, la disfunción sináptica, la presencia de angiopatía congófila, el daño inflamatorio, el estrés oxidativo y la disfunción mitocondrial también están involucrados en este proceso patológico. El Alzheimer sigue siendo una incógnita conocida, intensamente estudiada y un reto científico por resolver. La proteína B-amiloide tiene un papel central. El desequilibrio entre su producción y eliminación, agregación, depósito y acumulación en exceso se consideran desencadenantes del proceso. El control de la "cascada amiloide" (Hardy, Science 1992) ha propiciado el desarrollo de estrategias terapéuticas dirigidas a esta diana.
El objetivo: restaurar el equilibrio de este complejo sistema molecular y detener o retrasar el proceso neurodegenerativo y, cuando el daño cerebral sea escaso y los síntomas leves, que el paciente mantenga su autonomía.
El estado de la cuestión está en conseguir un diagnóstico lo más precoz posible y poner entonces en marcha el tratamiento adecuado:
¿Tenemos en Canarias esa capacidad diagnóstica desarrollada al máximo?






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