La vanguardia del siglo XXI destaca la lentitud como principio de casi todo lo bueno ( slow food, wellness, tranquilidad, austeridad...).
Después de la crisis...lo primero ha vuelto a ser proteger, conservar, pensar con calma... A diferencia del elogio de la velocidad que invocó el comienzo del siglo XX, y que nos acompañó hasta el gran choque que supuso el comienzo de esta crisis económica, Kundera dice:
“Nuestra época se abandona al demonio de la velocidad, y por este motivo se olvida tan fácilmente de sí misma. Pero yo prefiero darle la vuelta a esta afirmación: nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar, y para realizar tal deseo se abandona al demonio de la velocidad; si acelera el paso es porque quiere hacernos entender que ahora ya no aspira a ser recordada, que está cansada de sí misma, disgustada consigo misma; que quiere apagar la trémula llama de la memoria”.
Lo austero y equilibrado cobra de nuevo prestigio. Lo mesurado gana sobre el desafuero. Y cuando en medio de esta terrible crisis nos preguntamos si ¿ realmente otro mundo es posible? Resulta que a lo mejor, cuando menos se esperaba y por donde menos se veía venir, resulta que sí, que su luz se ve ya al fondo del camino.
Pero tenemos que intentar extinguir del todo la hoguera de las vanidades, cuyos rescoldos aún siguen rojos e incandescentes, aunque solo deje tras de sí la ceniza de esta crisis porque entonces vendrá una nueva generación, o una generación mezclada de buena gente, a ofrecer más por menos, a cambiar el mundo y transformarlo en el mundo de lo necesario y no del desequilibrio y lo superfluo.
Que tarde más o tarde menos depende de todos nosotros y de cómo actuemos...






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