Como acostumbrarse a los insultos de los "matones protegidos"


Decía Javier Marías en su último artículo del País semanal titulado "Los matones protegidos" hablando sobre un episodio futbolíistico que le sucedió recientemente al delantero del Inter de Milan, llamado Balotelli. Pese a su apellido y que nació en Palermo, como es negro de piel, padece toda clase de insultos racistas cada vez que salta al campo. Y una de esas veces, en un partido en Verona, después de soportar durante 88 minutos a un público que no paró ni un segundo de humillarlo, ante los micrófonos dijo que "el público de Verona me da cada vez más asco". Y que por esa comprensible afirmación le han caído al pobre chico 7.000 euros de multa impuesta por el árbitro por "haber provocado al público" ( je ).

Y sobre estos temas y las reacciones que se sucedieron después en los medios de comunicación italianos, Marías se pregunta ¿ de dónde proceden estas ideas de que " un profesional" ha de callar ante los insultos, y de que el público ( y la opinión pública ) sigue siendo "respetable"cuando hace muchísimo que dejó de serlo en todas partes?"

 Y sigue diciendo Marías que " ¿cómo se hace caso omiso de las barbaridades que uno escucha nítidamente dirigidas a uno, de principio a fin de un partido  ( o mitin, o reunión, o entrevista televisiva, -eso es mío- ). Cómo se concentra uno en parar los disparos. Salvando las distancias, es como si a un actor de teatro se le pidiera que pasara de los insultos lanzados con profusión desde el patio de butacas y se ciñera a su texto, como si allí no hubiera nadie"... y sigue y sigue.. y...

...no pude evitar acordarme de "nosotros" los políticos, que llevamos años y años soportando insultos no solo dirigidos a nosotros, sino a nuestros hijos, hermanos, amigos por ser amigos, cuñados y cuñadas, etc, sin poder hacer frente a groseros detractores a los que les da igual insultar a unos y a otros independientemente de lo que unos y otros realmente hayan hecho amparados por la protección que da el sentirse entre "la masa" que solo tiene derechos pero no tiene deberes.

Y... siguiendo otra vez a Javier Marías... llego a la misma conclusión que él ( y esto vale para los matones de fuera y para los matones de dentro, que en todos lados cuecen habas ): " Ceder ante los comportamientos fascistas siempre se paga caro, porque el espíritu fascista -que puede darse en gente de izquierda ( con mayor frecuencia de la que se imaginan -esto es mío- ) toma por debilidad cualquier inhibición del adversario, y no hace sino envalentonarse y aumentar su agresividad, hasta aniquilar ( vetándolo, insultándolo, excluyéndolo, quitándole la voz, y de mil maneras poco ingeniosas más ) a ese "adversario" ( que muchas veces está en tu mismo partido, y otras no )...

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • RSS

0 comments:

Post a Comment